El frio condensado se penetra. La noche va cayendo, los soldados se apresuran para aprovechar los últimos rayos. Hacen maniobras y prenden una fogata, se van acercando para calentarse. Observo cómo se va desarrollando su anochecer. Entre la costumbre de algo que ya no desean cumplir, entre las ganas de desear la muerte porque ya no podrán borrar los traumas que esta guerra ha ocasionado.
Escucho un leve sonido, parece una melodía, giro mi rostro y veo como los rostros afligidos se van suavizando, las miradas se van profundizando en el anhelo de algo; tal vez en su mente imaginan volver a casa para encontrar la paz que se les ha arrebatado. Un joven se acerca y me ofrece un plato de comida. No le contesto. Solo lo observo, veo la inocencia en sus ojos, el trauma y la suplica de regresar vivo. Extiende el plato para recibirlo. Sin embargo no lo sostengo. Su mirada se vuelve confusa.
- Disculpe, pero es lo único que tenemos aquí-. Murmuro
- No te preocupes, cómelo tú, te servirá más a ti que a mí-. Conteste
Sonrió, y se retiro sin decir más. Contemplo su delgada silueta, la cual va desapareciendo poco a poco. Contengo las lágrimas al comprender la brutalidad que se está cometiendo. Jóvenes en guerra. Niños obligados hacer hombres.
Camino a oscuras por el refugio. ¡Dios esto es un refugio! Sacos llenos de arena, ametralladoras, cargamentos, misiles, encuentro a cado pasó. ¿Cuánto más? Y ¿Por qué? Son las preguntas a las cuales no hayo respuesta.
Solo llevo un día y deseo regresar a casa. ¿Qué sentirán los que llevan más de un año? Pienso y la culpabilidad me carcome. Ellos son obligados a luchar en este escenario bélico mientras que nosotros los que estamos en casa, los que no renunciamos a nuestras comodidades. Solo criticamos las tácticas que se usan.
Un sonido espelúznate retumba en mis oídos. Veo como los soldados corren dispersos buscando protección. Observo como el fuego se va prolongando, consumiendo a su paso las maderas. Los soldados se apresuran para sofocar el fuego; y salvar las pocas pertenencias que les quedan.
Otro sonido más fuerte, se escucha. Escucho la explosión de una bomba. Algo estalla, veo como las cenizas vuelan en el aire. Gritos, suplicas, gemidos se escucha en eco. Corro desesperada buscando un lugar seguro. Tropiezo y caigo en el lodo, entre las cenizas que no dejan de caer, sobre la sangre derramada.
Maldigo el día que acepte hacer esta nota. Maldigo todo. Cubro mi rostro con mis manos. Suplico para regresar viva. Cuento los segundos. Dejo de cubrir mi rostro y lo escondo entre mis piernas, me abrazo. Y sueño con un lugar feliz.
Pasan minutos que parecen eternos. Decido ponerme de pie. Visualizo el daño causado, a los soldados lastimados, a los que no corrieron con la suerte de seguir con vida y sus cuerpos están tirados como si no tuvieran dignidad como si su esfuerzo no hubiese valido la pena.
Camino sin mirar. No deseo cargar con la muerte de ellos. Camino hasta un lugar solitario. Y dejo caer las lágrimas.
¿Qué es lo que trajo la guerra? Muerte. Eso es lo único que trajo. Muerte de gente que se vio obligada a defender sus ideales. La guerra solo trajo muerte, sangre derramada, dolor insuperable, daños irreparables y lagrimas.
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